De la retórica del milenio y sus avatares

CMXCIX.

domingo, 3 de enero de 2010

Fisiología del magalómano.

En 1962, el genio de Aldous Huxley revelaba uno de sus últimos frutos en la novela La isla. Este enigmático libro contenía las sentencias finales del escritor sobre aquellos temas desbrozados en su famosa obra, Un mundo feliz. Huxley había regresado sobre las ideas que dieron origen a su distopía como una manera de ajustar cuentas, delineando un reflejo optimista contrario de aquello que tan sarcásticamente había condenado a la frivolidad. Entre una docena de temáticas, Aldous piensa el problema de la educación y el estudio de criminales. Es de notar la manera de aproximarse a la criminología, puesto que establece categorías fisiológicas sobre un método endócrino, bastante difundido en la época. Veamos de qué trata puesto que sus conclusiones nos atañen directamente.

Huxley recrea en su novela un escenario donde el protagonista se adentra al estudio pedagógico que la sociedad perfecta establece para tratar con los criminales antes de llegar a serlo. En la trama, Will, el héroe, se pregunta sobre cómo tratar el problema del poder en una supuesta sociedad de iguales, ¿qué pasa con la educación de los líderes natos?, ¿existen? Sobre el tema, los especialistas de La isla responden en términos de la “canalización de poder” a temprana edad. No existe mejor profilaxis sobre los riesgos del poder que el trabajo de prevención, según escribe Aldous. En la ficción, el Dr. Robert viaja a Londres algún tiempo para trabajar sus teorías sobre la anatomía y fisiología del poder en un estudio de campo, en las prisiones estatales. Luego de una gran captación de informes, el Dr. Robert piensa sobre la relación entre el tipo de personas que llegan a cometer los crimines y su constitución fisiológica. Aquí existe algo más que la vieja biotipología de Viola, Pende, Lombroso y Galton no termino por dilucidar: la endocrinología en función del medio. Tomado lo que necesitaba, el Dr. Robert regresó a su isla y construyó una profilaxis endócrina sobre los niños en potencia de criminales. ¿Exámenes que detectan la peligrosidad del individuo? Sin duda, el argumento de Huxley suena a la cacería eugénica que los nazis argumentaron para erradicar la degeneración de la especie y llegar a su superación. Pero lo que piensa aquí nuestro utopista no es más que localizar en el plano fisiológico las condiciones de la ambición del poder, aquellos elementos de la bioquímica del criminal que dieron como resultado una vida dedicada al reforzamiento de las carencias. Me explico.

Según lo escribe Huxley existen dos tipos de constituciones endócrinas del poder que devienen en peligrosos criminales pues ambicionan el liderazgo y control de la sociedad: el tipo Perter Pan y el tipo Musculoso. A decir de Aldous, ambas formas endocrinas son desdoblamientos del placer y su descarriamiento ha dado origen a los más temidos monstruos de la historia. Para hacer referente al Peter Pan escribe sobre Hitler. Su anormal condición de crecimiento retardado le hizo acumular sus frustraciones infantiles y puberales en deseo de control de las masas y un apetito feroz por detentar un poder que su biología no le podía otorgar. La causa, un mal funcionamiento de sus glándulas impidió un crecimiento sano de su cuerpo, manteniéndolo al margen de las competencias físicas, de las bohemias eróticas o de los pleitos coloquiales. El efecto, un ser anómalo cuya inferioridad física engendró megalomanía. El otro caso es el del Musculoso. Para éste, Huxley halló referente en Josef Stalin. Este ser mantiene su desproporcional supremacía física sobre el resto como una forma de extrovertimiento ilimitado. Su condición de abuso corporal se traslada en un impetuoso aplastamiento sobre aquello que se interponga a su apetito. El poder que Stalin detentó no es más que un reflejo imaginario propio del musculoso, donde todo cuanto le rodea le pertenece, por el simple hecho de tenerlo a la mano. Es simple, la apoteosis de la vanidad como patrón de conducta es su principal característica. Así, sentencia Huxley, estos seres jamás deben llegar a tener control político pues sus desequilibrios orgánicos han generado traumas y condicionado conductas inevitables en su proceder y en su perspectiva del mundo. Mas, aun evitando la detentación de poder para estos sujetos, su extraña apetencia de placer mediante las formas de poder, les obliga a cometer actos delictivos o conductas violentas perjudiciales para la convivencia social.

Luego de observar la naturaleza endócrina de la megalomanía, los niños de La isla son examinados por completo. Localizados aquellos individuos en potencia de Peter Pan o Musculosos, de Hitler o Stalin, son llevados a tratamientos hormonales para impedir anomalías en su funcionamiento y la generación de apetitos de poder descarriados. ¡Vaya profilaxis de la megalomanía! Un diagnóstico de la ambición y la cratofilia mediante el estudio de sangre y complexión.


Aunque suene hipocrático Huxley ha visto bien un problema para proponer una salida. La biotipología sólo se contentaba con la denuncia, la terapia era solo parte de la readaptación del delincuente a la sociedad. Acá Huxley piensa en un programa de prevención tan operativo que hasta la fecha parece funcional. ¿No es el caso de los últimos días donde hemos escuchado de los resultados de estudios en Londres sobre la portación de armas por abuso infantil? Hace un par de semanas los británicos llegaron a la conclusión de que la causa mayor de crimines infantiles es el maltrato que los pequeños reciben por los mayores. No tiene mucho que se reveló el asesinato de una niña de 3 años en manos de un par de escuincles de 7 y 8 años en el mismo país. Los gringos se despiertan a diario con noticias sobre la muerte de menores víctimas de venganzas escolares. En México también se cuecen habas. La extorsión de los grandulones a los enanos es cosa vieja pero la recurrencia a la venganza mediante armas blancas va en aumento. ¿No es cuestión de encauzar apetitos y placeres mal orientados pero innegablemente despertados por detonantes hormonales anómalos? No pensemos en promover el examen de sangre y equilibrar el flujo glandular de los peques y gigantones. Reflexionemos sobre las consecuencias de crecer en entornos escolares o vecinales donde la violencia entre niños se vuelve engendradora de odios perpetuos que se funden en la aprehensión cotidiana del mundo. Eso tiene, como Huxley ve, una enorme relación con las formas del poder que adapta un país. ¿Qué dice sobre los mexicanos la figura del líder político chaparrito, pelón y parlanchín? Salinas de Gortari es ante los ojos un anómalo Peter Pan que no sacia el poder en lo biológico y vaga por los estrados políticos del Estado demostrando una superioridad y control ficcional. ¿Qué cosa habrá de reordenarse en los ambientes escolares para evitar este tipo seres frustrados, rencorosos y megalómanos que tanto pululan en la clase política mexicana y tanto caracterizan nuestra fisiología caracterológica del poder? Como vemos todo comienza con un “nos vemos a la salida” mal procesado. vargasparra@mail.com


No hay comentarios:

Publicar un comentario