De la retórica del milenio y sus avatares

CMXCIX.

Mostrando entradas con la etiqueta medicina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta medicina. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de enero de 2010

El oasis de la juventud perdida. Un ardid de nuestras insatisfacciones.





El alcanzar la fuente de la juventud desde épocas milenarias ha sido el anhelo que acompaña al envejecimiento de los hombres. Las fábulas entorno a las expediciones en busca de elixires, artilugios milenarios u objetos excéntricos que devuelven al ser humano su lozana existencia jovial son parte ya perpetua de un género en las aventuras literarias, las ficciones cinematográficas y los churros de la caja idiota. Quizá, no es el momento de reseñar las epopeyas de los viajeros medievales y renacentistas en la búsqueda de tan apetitoso tesoro. Hablar de las circunstancias históricas sobre hombres monstruosos, habitantes de las tierras antípodas, que contenían los secretos milenarios de los cuerpos en eterna mocedad. Aquellas crédulas de fanáticos de las leyendas homéricas que localizaban topográficamente los terrenos donde la ambrosia fructificaba los dones de la inmortalidad del Olimpo. O las creadas por la mentalidad del cristiano fervoroso que, al observar los límites orientales del mundo, contemplaba las tierras del paraíso original como única vía de retornar a las fuerzas imperecederas de Adán y Eva. Mas en los tiempos de rememoración nostálgica por el año que nos abandonó, es casi inevitable volver hacia atrás y tratar de comprender el misterio enajenado a la obsesa mirada, de hombres y mujeres, a las arrugas, a los vestigios de otro año que se fue y de paso se llevó nuestro aire de juventud y nos dejó la apariencia más decadente, menos vivaz y cada vez más cansada. Resulta, pues buen momento de reseñar otra modalidad de la heurística sobre el botín de la juventud eterna. Si aquellos hombres embebidos de una portentosa imaginación miraban real la posibilidad de conservar el vigor del joven era, primordialmente, por una razón. Dentro de la inevitable decadencia del cuerpo, existe un rasgo de la apariencia física que despierta las suspicacias sobre la conservación de la vitalidad y que lucha contra la vejez; la sexualidad. ¿Acaso no es aun el tópico de la regeneración del vigor sexual un ardid de la publicidad combativa en la campaña contra los rasgos físicos de la vejez? Es evidente, el hombre nace, crece y muere y en el periplo se desarrolla sexualmente como una manifestación material del apogeo y decadencia de ese vigor. La pérdida de las fuerzas sexuales ha sido considerada por este frente contra la vejez como una señal de la morbilidad y, más todavía, de la mortalidad del cuerpo. En efecto, al hablar de la conservación de la juventud existe una referencia subterránea al apetito sexual, al impulso erótico que ya no se ve cubierto con la misma respuesta de antes. Y es que al poner en el contexto de la materialidad del deseo el asunto de la búsqueda de la fuente la juventud se puede llegar a comprender la obsesión del aventurero, el navegante, el conquistador, el anciano y el metrosexual por no degenerar en la actuación sexual, o por volver al dinamismo erótico de antes. Nos hacemos viejos y en el trance nuestros apetitos ya no encuentran la saciedad de cuando jóvenes justo porque es el propio cuerpo el que se agota en la capacidad de goce. La arruga es signo de la pérdida, pero el verdadero significante es la salud, la conservación de la energía vital que nos mueve día a día. En estos términos se lee el debate a mediados del siglo XX en nuestro país sobre el desarrollo de la medicina. La endocrinología crecía en Europa gracias al descubrimiento en laboratorio de las hormonas sintéticas y su uso dentro de la regulación orgánica de los individuos alterados o decadentes, según sus diagnósticos. La ciencia encontró en la intervención endócrina una forma de modificar rasgos de la naturaleza humana que parecían destinar a la humanidad a su degeneración. Recuperar la salud era una sentencia asimilada bajo la mirada reguladora de los flujos glandulares. Pronto este saber innovador se desplegó por el mundo como el anuncio de un secreto escondido dentro del cuerpo mismo. El uso profesional, experimental y aficionado de las hormonas se popularizó al grado de llegar a ser administrado por cualquier sujeto, con finalidades perversas o ingenuas. Así, siendo la androsterona, como forma primordial de la hormona masculina, aislada por primera vez en 1931 se comenzó a especular sobre la experimentación química dentro y fuera de los laboratorios. Con esto, cerca de 1944, Paul de Kruif escribe un ensayo sobre su deseo de hallar el secreto de la juventud perenne. Ahí De Kruif describe el proceso en el que se vio envuelto para someterse al tratamiento recién descubierto por el Dr. Herman Bundesen en Chicago, para rejuvenecer a los viejos mediante la experimentación con la androsterona. El texto, además de divertido, muestra lo contundente del imaginario sobre las fuerzas secretas de la hormona masculina para revivir el vigor perdido. Los métodos de Bundesen parecían más cercanos a una lectura detenida de los tratados hipocráticos en su versión caracterológica del siglo XIX. El secreto de la juventud estribaba en virilizar al hombre mermado en el desgaste de su naturaleza sexual, pues Bundesen estaba seguro de que la fuerza vital se localizaba en la secreción de la hormona masculina dentro del torrente sanguíneo. Reavivando sexualmente al cuerpo se recobraban, según este método, el apetito natural que empuja al cuerpo a la lucha, la competencia y la búsqueda de medios para satisfacer las necesidades elementales. De esta forma el hombre se hace más hombre y recupera su plenitud sexual, ¿y la mujer? La administración del elixir comprendía a las damas de la misma manera que la evolución sexual diseñada en la época lo hacía, como parte de un nivel pasajero de la escala hacia la virilidad. Es decir, que como buenos machos, la lucha contra la degeneración quedaba caracterizada como parte del combate a la feminización de la especie. Por lo tanto, entre más viriles, más jóvenes; entre más afeminados, más viejos.



Vemos, pues, cómo los métodos endocrinos para pensar el problema son justo como anunciamos el secreto de la juventud. Si parece que nos avejentamos es en gran medida porque nuestro aspecto parece menos atractivo para el sexo opuesto. La búsqueda contemporánea de la eterna juventud tiene la misma lectura sexual sólo que la clave se coloca en lucir más y más atractivos en la lógica del consumo erótico que promueve la nueva ética sexual. La guerra contra la decadencia ya no suministra hormonas, interviene con cirugías estéticas, modifica con cosmetología, erecta con el viagra y hasta crea apariencias virtuales donde la marca del paso de los años se nulifica por completo. El mercado promotor de los apetitos carnales es el que coloca las herramientas reintegradoras del vigor sexual de la juventud precisamente porque la resistencia a la vejez se ha sedimentado en la cultura aun con más fuerza y patetismo que en el mundo antiguo o en las novilladas de la experimentación endocrina. Sí, ya valió… nos espera otro año, más canas, menos ganas y mucho pero mucho más padecimientos que sumar. ¡Salud!

domingo, 3 de enero de 2010

Fisiología del magalómano.

En 1962, el genio de Aldous Huxley revelaba uno de sus últimos frutos en la novela La isla. Este enigmático libro contenía las sentencias finales del escritor sobre aquellos temas desbrozados en su famosa obra, Un mundo feliz. Huxley había regresado sobre las ideas que dieron origen a su distopía como una manera de ajustar cuentas, delineando un reflejo optimista contrario de aquello que tan sarcásticamente había condenado a la frivolidad. Entre una docena de temáticas, Aldous piensa el problema de la educación y el estudio de criminales. Es de notar la manera de aproximarse a la criminología, puesto que establece categorías fisiológicas sobre un método endócrino, bastante difundido en la época. Veamos de qué trata puesto que sus conclusiones nos atañen directamente.

Huxley recrea en su novela un escenario donde el protagonista se adentra al estudio pedagógico que la sociedad perfecta establece para tratar con los criminales antes de llegar a serlo. En la trama, Will, el héroe, se pregunta sobre cómo tratar el problema del poder en una supuesta sociedad de iguales, ¿qué pasa con la educación de los líderes natos?, ¿existen? Sobre el tema, los especialistas de La isla responden en términos de la “canalización de poder” a temprana edad. No existe mejor profilaxis sobre los riesgos del poder que el trabajo de prevención, según escribe Aldous. En la ficción, el Dr. Robert viaja a Londres algún tiempo para trabajar sus teorías sobre la anatomía y fisiología del poder en un estudio de campo, en las prisiones estatales. Luego de una gran captación de informes, el Dr. Robert piensa sobre la relación entre el tipo de personas que llegan a cometer los crimines y su constitución fisiológica. Aquí existe algo más que la vieja biotipología de Viola, Pende, Lombroso y Galton no termino por dilucidar: la endocrinología en función del medio. Tomado lo que necesitaba, el Dr. Robert regresó a su isla y construyó una profilaxis endócrina sobre los niños en potencia de criminales. ¿Exámenes que detectan la peligrosidad del individuo? Sin duda, el argumento de Huxley suena a la cacería eugénica que los nazis argumentaron para erradicar la degeneración de la especie y llegar a su superación. Pero lo que piensa aquí nuestro utopista no es más que localizar en el plano fisiológico las condiciones de la ambición del poder, aquellos elementos de la bioquímica del criminal que dieron como resultado una vida dedicada al reforzamiento de las carencias. Me explico.

Según lo escribe Huxley existen dos tipos de constituciones endócrinas del poder que devienen en peligrosos criminales pues ambicionan el liderazgo y control de la sociedad: el tipo Perter Pan y el tipo Musculoso. A decir de Aldous, ambas formas endocrinas son desdoblamientos del placer y su descarriamiento ha dado origen a los más temidos monstruos de la historia. Para hacer referente al Peter Pan escribe sobre Hitler. Su anormal condición de crecimiento retardado le hizo acumular sus frustraciones infantiles y puberales en deseo de control de las masas y un apetito feroz por detentar un poder que su biología no le podía otorgar. La causa, un mal funcionamiento de sus glándulas impidió un crecimiento sano de su cuerpo, manteniéndolo al margen de las competencias físicas, de las bohemias eróticas o de los pleitos coloquiales. El efecto, un ser anómalo cuya inferioridad física engendró megalomanía. El otro caso es el del Musculoso. Para éste, Huxley halló referente en Josef Stalin. Este ser mantiene su desproporcional supremacía física sobre el resto como una forma de extrovertimiento ilimitado. Su condición de abuso corporal se traslada en un impetuoso aplastamiento sobre aquello que se interponga a su apetito. El poder que Stalin detentó no es más que un reflejo imaginario propio del musculoso, donde todo cuanto le rodea le pertenece, por el simple hecho de tenerlo a la mano. Es simple, la apoteosis de la vanidad como patrón de conducta es su principal característica. Así, sentencia Huxley, estos seres jamás deben llegar a tener control político pues sus desequilibrios orgánicos han generado traumas y condicionado conductas inevitables en su proceder y en su perspectiva del mundo. Mas, aun evitando la detentación de poder para estos sujetos, su extraña apetencia de placer mediante las formas de poder, les obliga a cometer actos delictivos o conductas violentas perjudiciales para la convivencia social.

Luego de observar la naturaleza endócrina de la megalomanía, los niños de La isla son examinados por completo. Localizados aquellos individuos en potencia de Peter Pan o Musculosos, de Hitler o Stalin, son llevados a tratamientos hormonales para impedir anomalías en su funcionamiento y la generación de apetitos de poder descarriados. ¡Vaya profilaxis de la megalomanía! Un diagnóstico de la ambición y la cratofilia mediante el estudio de sangre y complexión.


Aunque suene hipocrático Huxley ha visto bien un problema para proponer una salida. La biotipología sólo se contentaba con la denuncia, la terapia era solo parte de la readaptación del delincuente a la sociedad. Acá Huxley piensa en un programa de prevención tan operativo que hasta la fecha parece funcional. ¿No es el caso de los últimos días donde hemos escuchado de los resultados de estudios en Londres sobre la portación de armas por abuso infantil? Hace un par de semanas los británicos llegaron a la conclusión de que la causa mayor de crimines infantiles es el maltrato que los pequeños reciben por los mayores. No tiene mucho que se reveló el asesinato de una niña de 3 años en manos de un par de escuincles de 7 y 8 años en el mismo país. Los gringos se despiertan a diario con noticias sobre la muerte de menores víctimas de venganzas escolares. En México también se cuecen habas. La extorsión de los grandulones a los enanos es cosa vieja pero la recurrencia a la venganza mediante armas blancas va en aumento. ¿No es cuestión de encauzar apetitos y placeres mal orientados pero innegablemente despertados por detonantes hormonales anómalos? No pensemos en promover el examen de sangre y equilibrar el flujo glandular de los peques y gigantones. Reflexionemos sobre las consecuencias de crecer en entornos escolares o vecinales donde la violencia entre niños se vuelve engendradora de odios perpetuos que se funden en la aprehensión cotidiana del mundo. Eso tiene, como Huxley ve, una enorme relación con las formas del poder que adapta un país. ¿Qué dice sobre los mexicanos la figura del líder político chaparrito, pelón y parlanchín? Salinas de Gortari es ante los ojos un anómalo Peter Pan que no sacia el poder en lo biológico y vaga por los estrados políticos del Estado demostrando una superioridad y control ficcional. ¿Qué cosa habrá de reordenarse en los ambientes escolares para evitar este tipo seres frustrados, rencorosos y megalómanos que tanto pululan en la clase política mexicana y tanto caracterizan nuestra fisiología caracterológica del poder? Como vemos todo comienza con un “nos vemos a la salida” mal procesado. vargasparra@mail.com


viernes, 1 de enero de 2010

Del soma, el moksha y las puertas de nuestra percepción.




Huxley es reconocido por ser el creador de una de las distopías de la era industrial que mejor reflejan el antihumanismo y decadencia generada por la mecanización del mundo y la especialización científica. En Un mundo feliz el autor describe una sociedad donde la ectogenesia y el condicionamiento han construido hombres dedicados al placer físico, sin represiones ni continencias morales, pero dedicados al fortalecimiento político y moral del Estado. El punto fino del texto aparece cuando Huxley plantea el control de las reacciones del ser humano justo en una sociedad que no concibe la existencia de la individualidad fuera de la mecanización de la producción en serie. En un mundo en el cual el sexo y las experiencias sensoriales no tiene contención y los normas laborales del mundo industrial traspasan las barreras de los centros laborales, estos sujetos son educados bajo una ética hedonista de liberación constante de los apetitos, sin restricción, sólo la obtención de placer fácil sin represión ni reparos kantianos sobre la conveniencia o no de los actos. Si lo que se busca es la felicidad mediante la satisfacción inmediata como mecanismo de control de las rebeliones e indisciplinas que promueve la represión de los deseos, lo que se debe asegurar es la inhibición del displacer, de los sentimientos desagradables y las resacas morales. Como solución a la voluptuosidad de la emoción humana este mundo feliz ha diseñado una droga especializada en el control de las reacciones violentas o la tristeza. El soma, como Huxley le bautiza, otorga una fuga de lo real hacia un espacio y tiempo interior de experiencias psicológicas, sensibles, satisfactorias y regeneradoras de la idea de bienestar total. El soma libera de la tensión de la vida cotidiana y remedia los excesos de las pasiones humanas para orientar los deseos de los sujetos en una atmósfera de tranquilidad e integración de los individuos a la colectividad, pues el Estado es el principal promotor del diario consumo de este fármaco.

Años más tarde, en 1954, Huxley escribe su famoso ensayo Las puertas de la percepción, el mismo que inspirara al grupo The Doors a denominarse de tal manera. En él, Huxley describe sus propias reacciones físico-psicológicas al consumo de mezcalina como parte de una experiencia que canaliza la segregación de adrenalina mediante el torrente sanguíneo. La diferencia, según Huxley, es que el vehículo psicotrópico otorga los mismos beneficios de la adrenalina pero extendiendo el proceso al grado de poder vivir el mundo cotidiano, bajo el influjo del estimulante glandular, pero sin la sensación de pánico y temor inmediato, propio de la secreción adrenalínica en el organismo. Lo que Huxley pudo hallar claramente es que su vieja preocupación de 20 años atrás sobre el soma encontraba, para la década los cincuenta, una posibilidad fáctica de realización mediante el estudio de los hongos alucinógenos. Es decir que la sustitución de la adrenalina mediante un fármaco capaz de producir una experiencia detenida del cronotopo de placer podía significar un acercamiento al diseño de una droga inhibidora de las reacciones violentas e incontrolables del ser humano. La experiencia psicotrópica que Huxley describe en Las puertas de la percepción comprende la abstracción de las formas elementales de la naturaleza en los objetos inanimados que lo rodean. Huxley es invadido por un mundo de sensaciones extraordinarias que rompen la simpleza de lo cotidiano en la percepción incontenible del genio propio de un artista renacentista o barroco.

Años más tarde, en 1963, Huxley escribe la contrapropuesta de Un mundo feliz, basado precisamente en la función de la droga como partícipe de la conformación de un Estado. En La isla, el moksha es usado no para evadir la realidad en la inhibición del displacer sino en la introspección de la conciencia. El pueblo de Pala sedimenta su valoración de la vida en la experiencia mística del moksha tal como las narraciones occidentales han creído reconocer la función político-religiosa del peyote y la coca en las culturas mesoamericanas antiguas. Como camino hacia el interior, la medicina moksha, revela el cielo y el infierno personal para conocer la grandeza y la miseria de nuestra propia estructura mental. En un momento de iniciación colectiva, el suministro del moksha por parte del Estado tiene la finalidad de mostrar un mundo vedado por las apetencias materiales en la era del consumo y hacer posible un singular proceso de autosatisfacción, en cada ciudadano, mantenido al margen en el mundo Occidental, ante las conveniencias de la sociedad capitalista.

Estos son paradigmas de la droga que reconstruye Huxley ante sus lectores. En nuestro caso vale la pena cuestionarse sobre las sanciones ético-jurídicas del consumo más que el paliativo político ingenuo del suministro controlado para enfermos. Es cuestión de reconocer, como lo hacemos todos en el caso del consumo ritual del peyote, que el consumo de la droga es cultural. Cultural en el sentido que lo es toda adicción como el tabaco y el alcohol; como reflejo de las formas de satisfacción de los apetitos del instinto. Y esto, no nos hagamos, tiene un mercado y como tal un precio atado a la oferta, demanda y rutas comerciales. Nuestros narcoparadigmas no son otra cosa sino meras configuraciones culturales alrededor de un producto enajenado por la alta demanda creciente entre los jóvenes. El consumo, sus efectos y adicciones no dependen más de las trabas jurídicas que de la formación y educación que cada ética genere o se invente, según sea el caso.